La gran dificultad de certificar acústicamente una terraza de un bar o de un restaurante reside en demostrar que el nivel generado por la actividad humana (típica de estas actividades) no molesta a los vecinos más próximos. Esto se puede demostrar (al menos teóricamente, dada la variabilidad de la generación acústica de estas actividades) justificando que la diferencia de energía acústica entre la terraza y las posibles fachadas afectadas por la misma es suficiente como para garantizar que se cumplen los niveles establecidos por la Tabla VII + 3 dBA.

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